Esa persona

Irrumpe en la intimidad de nuestra mente, prácticamente en cualquier lugar. En clase, en la calle,…
La dinámica es siempre la misma. Un conocimiento ínfimo, danzante con la ignorancia, combinado con un profundo sentimiento de conocerla absolutamente y de estar completamente seguro de que si, solo si, las circunstancias lo permitieran, sería esa persona.
Y esto lleva ocurriendo, repitiéndose desde la juventud más temprana, una locura. Y ahora, incluso cuando estamos avisados y no debiéramos tropezar, tropezamos. Esa persona, que aborda nuestra capacidad para apreciar y deleitarnos con los detalles más simples y pequeños. Ver el sor refulgir a través de sus pestañas por la mañana, o el lucir de ese par de pantalones alrededor de su cintura.

En un instante se convierte en la persona con quien eres capaz de imaginar años de vida, distraídos juntos, llenos de un mutuo sentimiento de simpatía, ternura, y sonrisas. Esa persona especial la cual sabemos que nos entenderá a nosotros así como a todas y cada una de las complejas y secretas partes de nuestro ser. 
Todo esta capacidad de elucubrar una personalidad como la suya a partir de unos meros detalles está sobretodo presente al observar su retrato. No es simplemente alguien con una nariz, dos ojos, y un cuerpo. Es una bella criatura que creemos comprender al completo. Los cínicos como yo prefieren enmascararlo como locura, tapar los agujeros que no tenemos valor a cubrir por nosotros mismos, que solo son proyecciones de fantasías salvajes y decadentes. Pero quizás esto sea demasiado dramático. Probablemente tengamos el derecho de deleitarnos, aunque no sea con todo su conocimiento. Tal vez esa mirada intensa y cautivadora pertenezca a alguien escéptico, que no cree en la suerte, delicado, inteligente y alternativo. Pero sin embargo, el error al pensar en esa persona, es ir más allá de ese primer vistazo, creer que existe algo irrisoriamente cercano a conocer la totalidad de un ser humano.

Cegados por la autoridad que le atribuimos sobre nuestros sentimientos, olvidamos un hecho central e inviolable acerca de la naturaleza humana: todo el mundo está loco. Todo el mundo tiene ese defecto irrevocable. Pero eso es lo mejor de esa persona, esa dificultad que se torna en placer.
No podemos conocer esto a partir de una mirada, de un deseo, solo el tiempo es capaz de revelar esos regocijos, porque la vida nos acaba liando a todos, aterrorizándonos y estresándonos todos los días.

Dicho esto, por qué molestarnos en seguir pensando en ese persona, si es todo mentira. Quizás no deberíamos  creer en lo que parece que nos promete, quizás no deberíamos divagar acerca de su perfección. Nunca probaremos esa perfección que pintamos en el cuadro de nuestra mente.
Pero, ¿quién demonios quiere sentir algo perfecto, si el deleite se encuentra en saborear los pequeños y tiernos detalles que son las imperfecciones?





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Alex Ianov

Pequeño rinconcito de Internet, no para el lector, si no para el autor. Descargar el tormento de las pesadillas y el Prozac sobre esta pequeña tanda de unos y ceros que es mi blog.