Sentose sobre el destartalado taburete mientras se deleitaba con los últimos vapores de su existencia. Ante él se mantenía abierta la puerta que le haría atravesar el último suspiro de su ser.
Un descanso prometedor, el olvido tras el revuelo y el sosiego de la agitación se hacían sentir en los hilos que tejían la soga que ante él se postraba. La habitación se mantenía sorda a sus oídos, el aire inerte e insípido. No sentía frío ni calor, el ambiente parecía concederle el deseo que tanto añoraba. Él y su mundo comenzaban a desvanecerse antes de que cruzara el umbral hacia el descanso.
Asomó la cabeza hacia su destino, la luz comenzó a atenuarse, un mundo tejido en sepia desparramaba sus recuerdos más escondidos. Los sentimientos cabalgaron libres en alegría; la nostalgia se decompuso en felicidad y la rabia en aceptación.
El aire se tornó pesado e innecesario, la vida, delgada como el horizonte. El sueño venció a la vigilia mientras el sol se escondía tras la extensión del paisaje que es la existencia.
Un descanso prometedor, el olvido tras el revuelo y el sosiego de la agitación se hacían sentir en los hilos que tejían la soga que ante él se postraba. La habitación se mantenía sorda a sus oídos, el aire inerte e insípido. No sentía frío ni calor, el ambiente parecía concederle el deseo que tanto añoraba. Él y su mundo comenzaban a desvanecerse antes de que cruzara el umbral hacia el descanso.
Asomó la cabeza hacia su destino, la luz comenzó a atenuarse, un mundo tejido en sepia desparramaba sus recuerdos más escondidos. Los sentimientos cabalgaron libres en alegría; la nostalgia se decompuso en felicidad y la rabia en aceptación.
El aire se tornó pesado e innecesario, la vida, delgada como el horizonte. El sueño venció a la vigilia mientras el sol se escondía tras la extensión del paisaje que es la existencia.


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